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RADIO / BROADCAST

ANÁLISIS . La Radio podría estar muriendo de éxito: más emisoras, menos atención y una palabra en crisis

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🎯  La multiplicación de canales, plataformas y agregadores convive hoy con una preocupante dispersión de la atención general.

🎯  Especialistas debaten si la amplitud modulada atraviesa una crisis terminal o enfrenta una oportunidad clave de reinvención.

🎯  Expertos señalan que el principal desafío no es meramente tecnológico, sino recuperar la capacidad real de conversar y generar comunidad.


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El crecimiento de las plataformas, la transformación de los hábitos de consumo y el debilitamiento del modelo de negocio obligan a repensar el futuro de la Radio. Mientras algunos anuncian el ocaso de la amplitud modulada, otros sostienen que el problema es más profundo: la sociedad está cambiando y la Radio no puede permanecer ajena a esa transformación.

Hay una aparente contradicción que atraviesa el presente de la Radio en América Latina: nunca hubo tantas posibilidades para distribuir contenidos y, sin embargo, captar y conservar la atención de las audiencias parece cada vez más lejano.

La multiplicación de emisoras, plataformas digitales, redes sociales y agregadores de audio, no garantiza que la gente escuche más Radio. Tampoco asegura que los contenidos tengan mayor calidad, que las marcas conserven su relevancia o que el negocio radiofónico mantenga la rentabilidad que tuvo durante décadas.

De esa contradicción surgió uno de los planteamientos centrales de un conversatorio internacional sobre el presente y el futuro de la Radio, en el que participaron el investigador y comunicador colombiano Tito Ballesteros, el comunicador paraguayo Benjamín Fernández Bogado y el periodista e investigador argentino Horacio Barrios.

La discusión comenzó con una idea tan provocadora como inquietante: la Radio podría estar muriendo de éxito. No porque haya dejado de producir, sino porque la multiplicación de canales de distribución convive con una creciente dispersión de la atención.

El fenómeno obliga a revisar algunas certezas históricas de la radiodifusión. Y especialmente, a preguntarse si la crisis que atraviesa la AM es una consecuencia de sus limitaciones técnicas o el síntoma de una transformación mucho más amplia.

Más emisoras no significan más oyentes

Durante el intercambio se mencionó un relevamiento sobre la cantidad de emisoras en América Latina. Según las cifras expuestas en el conversatorio, el continente cuenta con alrededor de 37.000 emisoras, de las cuales unas 4.000 corresponden a la amplitud modulada.

La expansión se concentra fundamentalmente en la frecuencia modulada, donde también han crecido las propuestas comunitarias, universitarias, públicas y no comerciales.

Pero el aumento de la oferta no equivale necesariamente a un crecimiento del consumo. La Radio compite hoy con plataformas que disputan cada minuto de atención: TikTok, Instagram, YouTube, Spotify y otras formas de comunicación que permiten elegir qué escuchar, cuándo hacerlo y desde qué dispositivo.

A esa competencia se suma la aparición de agregadores que reúnen emisoras de distintos países y facilitan el acceso a sus contenidos. Estas herramientas pueden ampliar el alcance de una marca radiofónica y ofrecer nuevas vías de distribución, incluso para aquellas emisoras cuya cobertura terrestre resulta limitada.

La pregunta es si la Radio está aprovechando esas oportunidades para construir nuevas audiencias o si simplemente está trasladando a otros espacios los mismos contenidos que ya ofrece por sus canales tradicionales.

La diferencia no es menor. Estar presente en una plataforma no significa necesariamente ser relevante en ella.

La AM: ¿una muerte anunciada o una oportunidad pendiente?

La situación de la amplitud modulada ocupó buena parte del debate. Su retroceso en diferentes mercados latinoamericanos contrasta con la persistencia que mantiene en países como Argentina y Paraguay, donde la Radio hablada conserva una presencia cultural significativa.

Los procesos de migración de contenidos de AM a FM han modificado el mapa radiofónico de buena parte de la región. En numerosos países, las emisoras de frecuencia modulada dejaron de ser exclusivamente musicales para incorporar noticias, entrevistas, opinión, magazines y otros formatos que históricamente identificaban a la AM.

Argentina y Paraguay presentan, en distintos grados, una configuración diferente: la amplitud modulada conserva una identidad asociada a la palabra, la información, el debate y la conversación, mientras una parte importante de la FM continúa vinculada a la música y al entretenimiento.

¿Es esa diferenciación una fortaleza o una señal de inmovilidad?

La pregunta admite respuestas diferentes.

Para Horacio Barrios, la AM todavía tiene posibilidades de revitalización, pero no puede ignorar lo que sucede a su alrededor.

El investigador sostiene que es necesario revisar los contenidos, observar los cambios sociales, conocer las demandas de las audiencias y explorar nuevos canales de distribución.

Su planteamiento no consiste en negar la crisis, sino en evitar que el diagnóstico se convierta en una sentencia definitiva.

La AM necesita tiempo, estrategia y creatividad. También requiere reconocer que el contexto económico puede comprometer su continuidad: los costos energéticos, la reducción de la inversión publicitaria y la competencia por los recursos comerciales debilitan a emisoras que durante años fueron referencias informativas en sus territorios.

Cuando una Radio reduce la potencia de su transmisor para disminuir el consumo eléctrico, puede perder cobertura y alejarse de comunidades que antes formaban parte de su área de influencia. La solución no debería limitarse a reducir gastos, sino contemplar alternativas que permitan conservar el vínculo con esas audiencias.

Una de ellas es establecer acuerdos con emisoras de FM que reproduzcan contenidos de la AM, mediante conexiones por internet u otras modalidades de distribución. No sería una solución universal, pero podría ayudar a preservar la presencia de una marca mientras se buscan alternativas económicas y tecnológicas.

La experiencia estadounidense también apareció en la conversación como ejemplo de que la AM conserva funciones que trascienden la programación comercial, particularmente en el automóvil y en situaciones de emergencia. En otros mercados, la digitalización y la expansión de sistemas como DAB+ han modificado la distribución de la Radio.

La lección es que no existe una única trayectoria para todos los países. Las características geográficas, las condiciones económicas, la infraestructura y los hábitos culturales intervienen en la evolución de cada sistema radiofónico.

Por eso, anunciar la desaparición de la AM como un fenómeno universal puede resultar tan equivocado como suponer que seguirá funcionando indefinidamente bajo las mismas condiciones.

Tito Ballesteros: la Radio también envejece

La posición de Tito Ballesteros, introdujo una perspectiva más crítica. Su argumento parte de una comparación con la vida humana: las personas cambian con los años y no pueden pretender conservar eternamente la fuerza, los hábitos y las capacidades de la juventud.

Si la Radio lleva más de un siglo de existencia, ¿por qué debería comportarse como cuando comenzó?

Ballesteros enumeró diferentes transformaciones que, a su juicio, han debilitado la posición histórica del medio: la pérdida de su centralidad informativa, el desplazamiento de audiencias hacia otras plataformas, la transformación de los hábitos de consumo, el debilitamiento de la identidad común de la Radio y el deterioro de un modelo de negocio que durante décadas permitió financiar estructuras profesionales y sostener una programación estable.

También señaló, la pérdida de determinadas prácticas de formación, la transformación de la relación entre la industria musical y las emisoras, y la disminución de la capacidad de la Radio para ocupar un lugar central en la vida cotidiana.

No se trata, necesariamente, de que la Radio haya desaparecido, se trata de que algunas de las condiciones que le otorgaban poder cultural, económico y social ya no existen o han perdido intensidad.

Desde esta perspectiva, aferrarse a las formas del pasado puede convertirse en un obstáculo.

La Radio debe comprender la sociedad en la que vive, no para imitar de manera automática cada tendencia, sino para reconocer que sus hábitos, lenguajes y formas de consumo están sujetos a transformaciones permanentes.

La mirada de Ballesteros es deliberadamente provocadora: “si la Radio insiste en actuar como si todavía ocupara la posición dominante que tuvo en otras décadas, corre el riesgo de acelerar su propio declive”.

Sin embargo, esa interpretación abre una discusión necesaria: reconocer los cambios no obliga a aceptar como inevitable la desaparición de todas las funciones históricas del medio. Una cosa es que la Radio pierda centralidad y otra, muy diferente, que pierda toda capacidad de construir vínculos.

Fernández Bogado: la crisis de la Radio es también la crisis de la palabra

La intervención de Benjamín, desplazó el eje de la discusión. En lugar de concentrarse exclusivamente en la tecnología, las plataformas o la estructura económica, propuso observar una dimensión más profunda: la crisis de la comunicación humana.

Para él, la Radio no está en crisis únicamente porque compita con otros canales. También está afectada por el deterioro de la conversación, la reducción de los espacios de escucha y las dificultades para construir vínculos mediante la palabra.

En su reflexión, el problema se extiende mucho más allá de los medios de comunicación. También aparece en las relaciones interpersonales, en las reuniones donde los teléfonos móviles capturan la atención de los participantes y en una sociedad que parece privilegiar la inmediatez por encima del diálogo.

La paradoja es: disponemos de más herramientas para comunicarnos, pero eso no significa que hayamos mejorado nuestra capacidad de conversar.

Bogado, recuperó una idea asociada al filósofo estadounidense John Dewey: la relación entre comunicación, comunidad y democracia.

La comunicación no sería simplemente la transmisión de mensajes, sino una condición para construir experiencias compartidas y sostener la vida colectiva.

Desde esa perspectiva, la crisis de la Radio expresa también una dificultad para producir contenidos capaces de convocar, persuadir y generar pertenencia.

Benjamín Fernández Bogado, defendió, además, la vigencia de la palabra como elemento distintivo de la AM. La conversación, el comentario, la participación de los oyentes y la diversidad de formatos siguen ofreciendo una experiencia que no puede reducirse a la mera transmisión de información.

Su posición es menos apocalíptica respecto de la Radio como fenómeno cultural, aunque reconoce que el medio necesita revisar sus prácticas y adaptarse a un escenario diferente.

La Radio no puede vivir de la nostalgia, pero tampoco debería renunciar a aquello que le permitió construir una identidad propia.

El problema no es solamente la plataforma: es el contenido

Una de las coincidencias más interesantes de referido conversatorio apareció al analizar la relación entre los medios tradicionales y las plataformas digitales

Las redes sociales han transformado la circulación de información. La velocidad, la visibilidad, las reacciones y la cantidad de interacciones se han convertido en indicadores decisivos para buena parte del ecosistema digital.

En ese contexto, la indignación, el conflicto, la sorpresa y el miedo pueden adquirir una ventaja sobre los contenidos que exigen tiempo, contexto y reflexión.

El riesgo es que los comunicadores terminen concentrándose en la superficie de la comunicación: cuánto se comparte una publicación, cuántos clics obtiene o qué reacción provoca, antes que en el valor de lo que se comunica.

Sin embargo, sería un error atribuir todos los problemas a las plataformas. Las redes no obligan a la Radio a reproducir sus contenidos de manera automática. En esto, la decisión editorial sigue siendo fundamental.

Una emisora puede desarrollar materiales específicos para internet, producir entrevistas destinadas a nuevas audiencias, recuperar archivos, crear formatos breves o establecer acuerdos de distribución con otras Radios. También puede utilizar las redes para acercarse a públicos que ya no mantienen una relación cotidiana con el dial.

Pero esa estrategia exige algo más que abrir cuentas y publicar fragmentos de programas. Exige pensar contenidos diferenciados, adecuados a cada espacio, capaces de expresar la identidad de la emisora posicionando la marca y de atraer a personas que no necesariamente la escuchan por AM o FM.

La presencia digital no debería ser una simple reproducción de la programación tradicional, debería formar parte de una estrategia para ampliar la relación con las audiencias.

La Radio y sus audiencias: una relación que necesita renovarse

Otro punto central del debate fue el envejecimiento de parte de las audiencias de AM.

En algunas emisoras, conductores históricos de 70 u 80 años mantienen una relación de fidelidad con oyentes que los acompañan desde hace décadas. Esa continuidad representa un capital cultural y profesional difícil de sustituir.

Pero también plantea un interrogante: ¿qué sucede cuando esa audiencia envejece sin que se produzca una renovación suficiente?

La incorporación de jóvenes conductores puede ser una herramienta útil, aunque no garantiza por sí sola la llegada de nuevos oyentes. La renovación de las voces necesita estar acompañada por una revisión de los temas, los lenguajes, los horarios y las formas de participación.

Barrios propuso prestar atención a lo que sucede en las escuelas. La enseñanza de la Radio y la creación de emisoras escolares podrían contribuir a formar nuevos comunicadores y, al mismo tiempo, generar hábitos de escucha y producción.

La idea tiene una lógica sencilla: difícilmente se desarrolle una relación duradera con un medio si nunca se ha tenido la oportunidad de conocerlo, producirlo o participar en él.

Las experiencias educativas pueden acercar a los jóvenes a la construcción de programas, la escritura de guiones, la producción de entrevistas y el ejercicio de la comunicación colectiva.

Sin embargo, estas iniciativas necesitan continuidad, acompañamiento y objetivos concretos. Instalar una Radio escolar no alcanza si, después del entusiasmo inicial, desaparecen los responsables, los recursos y la voluntad institucional.

La renovación de las audiencias tampoco debería apoyarse exclusivamente en los jóvenes. Es necesario conocer qué buscan los distintos grupos sociales y qué lugar puede ocupar la Radio en sus vidas.

En ese sentido, Horacio Barrios insistió en la necesidad de realizar estudios de campo que permitan conocer las preferencias reales de los oyentes, sin confundir sus respuestas a una encuesta con sus decisiones efectivas de consumo.

La investigación de audiencias no debería utilizarse para justificar decisiones tomadas de antemano, sino para revisar las estrategias editoriales y comerciales.

La Radio frente a la inteligencia artificial

La inteligencia artificial apareció al final del conversatorio como otro factor de transformación.

La cuestión no consiste solamente en determinar qué herramientas pueden utilizar las emisoras para automatizar tareas, producir textos o generar voces sintéticas. El interrogante es qué lugar ocupará la inteligencia artificial en una actividad cuyo valor histórico se ha apoyado en la palabra, la confianza y la relación humana.

La tecnología puede facilitar procesos, ampliar posibilidades de producción y contribuir a distribuir contenidos. También puede acelerar la circulación de materiales falsos, imágenes manipuladas y voces que imitan a personas reales.

En ese escenario, la verificación periodística adquiere una importancia decisiva.

Barrios defendió la necesidad de comprobar las fuentes y los datos, independientemente del canal por el que circule una información. Una publicación en una red social no se convierte en verdadera por su cantidad de interacciones, ni una afirmación adquiere legitimidad simplemente porque haya sido difundida por una cuenta popular.

La discusión con Ballesteros puso de manifiesto una tensión relevante: mientras parte de la sociedad parece dar prioridad a quién comunica un mensaje y a través de qué canal, el periodismo profesional no puede renunciar a verificar lo que publica.

La confianza no debería confundirse con la obediencia a una marca o a una personalidad. Debe construirse mediante prácticas reconocibles de responsabilidad, contraste y transparencia.

La inteligencia artificial vuelve más urgente esa distinción. Cuanto más sencillo resulte fabricar contenidos verosímiles, más importante será identificar quién los produjo, de dónde provienen y qué pruebas sostienen sus afirmaciones.

Para la Radio, esto representa tanto un desafío como una oportunidad. Su futuro no dependerá de rechazar las nuevas tecnologías, sino de utilizarlas sin abandonar los principios que justifican su función periodística.

Una Radio menos encerrada en sí misma

Hacia el final del intercambio apareció una crítica que merece especial atención: la tendencia de los propios comunicadores a hablar entre ellos, mirarse a sí mismos y suponer que sus discusiones ocupan un lugar central en la vida de las audiencias.

Fernandez Bogado, sostuvo que una Radio demasiado concentrada en sus rutinas, sus figuras y sus debates internos corre el riesgo de alejarse de las personas a las que pretende dirigirse.

La respuesta no consiste en renunciar a la identidad editorial ni en seguir cada moda. Consiste en recuperar la curiosidad por la sociedad, escuchar sus transformaciones y reconocer que los públicos tienen intereses que no siempre coinciden con los de quienes producen los contenidos.

En el caso de la AM, esta revisión también alcanza a la programación política. La información y el debate público forman parte de su tradición, pero la repetición permanente de los mismos temas puede producir cansancio, según Barrios.

La audiencia necesita información, pero también historias, cultura, entretenimiento, música, conversación y propuestas que permitan comprender el mundo desde perspectivas diferentes.

La diversidad de contenidos no debería interpretarse como una concesión a la superficialidad. Puede ser, precisamente, una forma de recuperar la amplitud cultural que históricamente caracterizó a la Radio.

Revitalizar la AM sin negar la transformación

La discusión entre Ballesteros, Fernández Bogado y Barrios no terminó con una fórmula capaz de resolver todos los problemas. Y probablemente ese sea uno de sus mayores méritos.

Las posiciones expresadas no son idénticas. Ballesteros advierte sobre el declive de las estructuras que hicieron poderosa a la Radio; Fernández Bogado, sitúa buena parte de la crisis en el deterioro de la palabra y de la comunicación humana; Barrios defiende la posibilidad de revitalizar la AM mediante la renovación de los contenidos, la investigación de audiencias y la exploración de nuevas formas de distribución.

Las tres perspectivas coinciden, sin embargo, en una cuestión fundamental: la Radio no puede limitarse a repetir las respuestas que funcionaron en el pasado.

Para Barrios, conservar la AM no significa congelarla. Significa reconocer sus funciones culturales, informativas y territoriales mientras se buscan alternativas que permitan sostenerla en un escenario económico y tecnológico diferente.

Esto incluye revisar los costos, desarrollar alianzas con otras emisoras, explorar agregadores y plataformas, producir contenidos específicos para internet y recuperar la formación de nuevos comunicadores.

También supone reconocer que las realidades nacionales no son intercambiables. La evolución de la Radio en Europa no puede trasladarse mecánicamente a América Latina, del mismo modo que la situación argentina o paraguaya no puede utilizarse como modelo universal.

Las decisiones deben considerar las características de cada territorio, la infraestructura disponible, los hábitos culturales y las necesidades de las comunidades.

La AM puede perder su centralidad histórica sin desaparecer de inmediato. También puede conservar una función relevante en determinados territorios, aun cuando su modelo de negocio necesite una transformación profunda.

La cuestión es evitar extremos: anunciar su muerte como un destino inevitable o sostener que nada esencial ha cambiado.

El futuro sigue dependiendo de la capacidad de comunicar

La Radio ha atravesado transformaciones tecnológicas profundas. Cambiaron los transmisores, los receptores, los sistemas de producción y las formas de distribución. Cambió también la relación entre los medios y sus audiencias.

Lo que está en discusión no es si la Radio debe transformarse. Eso ya está ocurriendo. El verdadero interrogante es qué aspectos de su identidad merecen ser preservados y cuáles necesitan ser revisados.

La respuesta no puede encontrarse exclusivamente en la potencia de un transmisor, en la incorporación de inteligencia artificial ni en la cantidad de plataformas donde una emisora consiga estar presente.

Tampoco alcanza con reivindicar la nostalgia por una Radio que ocupaba un lugar central en la vida cotidiana.

El desafío consiste en construir una relación nueva con la sociedad, sin perder la capacidad de informar, narrar, conversar y generar comunidad.

La Radio podría estar muriendo de éxito si confunde la multiplicación de sus canales con la conquista de nuevas audiencias. Pero también podría encontrar nuevas oportunidades si comprende que la distribución es solamente una parte de la comunicación.

La palabra, la creatividad, la credibilidad y la capacidad de escuchar siguen siendo elementos decisivos. No garantizan por sí solos la supervivencia económica de una emisora, pero sin ellos la Radio corre el riesgo de convertirse en una estructura que transmite sin establecer verdaderos vínculos.

Quizá el futuro de la AM no consista en recuperar exactamente el lugar que tuvo durante el siglo XX, quizá consista en encontrar una función propia dentro de una sociedad que ya no escucha, se informa ni se comunica de la misma manera.

La Radio no necesita demostrar que sigue siendo idéntica a la de sus primeros cien años, necesita demostrar que todavía tiene algo relevante que decir.

Y, sobre todo, que todavía sabe cómo conversar con la sociedad a la que pertenece.

 


Referencias

* Tito Ballesteros López es un comunicador social, periodista, docente e investigador colombiano, reconocido especialista en Radio y en gerencia de la comunicación organizacional, con una extensa y destacada trayectoria académica en Latinoamérica.

* Benjamin Fernández Bogado, es Dr. En derecho, periodista, escritor y conferencista paraguayo, fundador de los diarios El Independiente y 5 Dias de Asunción y Radio Libre en la capital paraguaya, fue rector universitario, y director en varios medios de el Paraguay.


* Horacio Barrios es Periodista, Locutor, productor e investigador independiente de Radio argentino, de extensa trayectoria, Lleva escritos más de 200 artículos sobre la Radio, publicó varios libros sobre ese medio de comunicación. Dio charlas en Universidades de Argentina y del exterior sobre Radio y participó de investigaciones conjuntas con colegas del continente Latinoamericano.

 

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