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RADIO / BROADCAST

OPINIÓN . Una audiencia enojada con su Radio puede ser letal. Por Horacio Barrios

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Cuando la audiencia se enoja con la Radio… No avisan y dejan la escucha.

Los programadores se dan cuenta de que “algo pasa” cuando reciben las mediciones a fin de mes.

No es tarea sencilla complacer a los públicos, mucho menos cuando no se los conoce.

Por eso el seguimiento de las audiencias debe ser periódico, ya que no estamos hablando de una masa rígida y uniforme, sino de un colectivo dinámico que va cambiando constantemente.

Las mediciones mensuales solo reflejan la escucha, pero al mismo tiempo es información que revela hacia donde están llendo las audiencias, y una medición detallada (que es costosa) revelará información sobre sus nuevos gustos, consumos y tendencias.

Con estos datos, los programadores deberían realizar ajustes en las programaciones de la Radio. Es decir: moverse al compás de las audiencias.

Simplemente porque éstas no son fieles, son más activas, intangibles, demandantes y con un mayor conocimiento y participación en los temas que les interesan. Son horizontales, y buscan interactuar y discutir con los conductores de los programas que escuchan.

En principio la lectura que se podría hacer respecto de lo descrito, es que la Radio está perdiendo penetración en los oyentes, que los contenidos producidos para estos ya no satisfacen. Y a prestar atención porque repercute directamente en las cuentas publicitarias.

Es notoria la actitud arrogante de algunos programadores que, teniendo la información que describimos, deciden seguir adelante subestimando el poder de la audiencia y creyendo inocentemente en la consigna “el público se renueva”. Bueno, lo dicho: hay una dinámica a la que hay que prestar atención.

No hay que perder de vista que las transformaciones tecnológicas de la Radio en la actualidad, influyen sobre la composición y disposición de las audiencias.

Hoy están segmentadas por nichos e identificadas por; lugar de residencia, edades, profesión, capacidad de consumo, hobbies, preferencias culturales, sexo y ocupación, entre otros.

Pero esta información surgirá de un estudio pormenorizado para conocer quienes escuchan la radio.

Es indispensable advertir el perfil y el comportamiento de las audiencias con el fin de producir contenidos adecuados a sus demandas y destacando al mismo tiempo el papel preponderante que éstas tienen en el ecosistema radiofónico.

La producción de esos contenidos no debe soslayar la calidad, y esto involucra a todos los actores del proceso; a quienes son responsables de la estética, el servicio informativo, programación, animadores, columnistas, periodistas, locutores, etc.

Pero además, deben realizarse lo ajuste necesarios en las programaciones, adaptaciones, al momento de tener disponible la información emanada de las mediciones de audiencia.

No se puede seguir improvisando porque eso tiene un costo muy alto, que es la pérdida progresiva de oyentes. Y dejar de creer que el personaje X va a medir bien a la mañana porque lo hizo en Televisión, y dejar de producir contenidos en base a creencias, prejuicios, intuición y gustos personales. Todo se planifica y se mide. Porque los públicos suelen dar sorpresas…

No suma tratar de “Doña Rosa” a la audiencia, porque es calificarla de ignorante, de mundana o vulgar. Las audiencias están compuestas por personas, profesionales, madres, padres, hijos, gente con o sin trabajo… Tienen derechos y obligaciones. El oyente no es tonto. Merecen absoluto respeto porque además, son sujetos culturales.

Interactúan, generan sus propios contenidos, ofician cuando es necesario, de cronistas circunstanciales al momento de ser testigos de algún hecho, un tonto o un ignorante no podrían hacerlo…

Hay que tener en cuenta que una audiencia enojada con su Radio puede ser letal.

Tiene el poder de hundir programas enteros de una Radio, levantar y hasta bajar el rating de una emisora, poner y sacar figuras de un programa…

Subestimarla no es solo pueril e ignorante, también peligroso para los intereses de la empresa radiofónica. Hay que escuchar a la audiencia.

Escribe Horacio Barrios
Periodista e investigador de Radio

 

 

 

 

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